Hemos escrito sobre viajes y literatura, sobre viajes y cine, pero me ha sorprendido muy gratamente un texto escrito en Viajes Libres que va aún más allá. La evocación de un paraíso creado por los maravillosos pinceles de Paul Gaugin existe en realidad y la arena rosa no es una idealización del artista, sino culpa del plancton.

Jinetes playa rosa

El pintor francés, considerado uno de los grandes genios del siglo XIX vivió durante una buena parte de su vida adulta en la Polinesia. Pintó el cuadro de Los jinetes en la playa en el año 1902, poco después de trasladarse a las Islas Marquesas, una isla paradisíaca de origen volcánico que debió evocarle otros lugares de ensueño, conocidos durante su exilio de infancia en sudamérica o en su periodo de marino mercante.

Gaugin fue un hombre que recorrió el mundo y se enamoró del aroma a naturaleza de la Polinesia y allí fue donde desarrolló gran parte de su obra.

Playa rosa

Las playas de arena rosada son muy características de islas antillanas como Tahití, Tikehau o las Bahamas. Y la respuesta a la tonalidad de la arena es más científica que poética y artística. Los culpables de esta característica son los foraminíferos, cuya concha rosácea da esa tonalidad a la arena.

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