Viajar a Japón es una experiencia que queda grabada en la memoria del viajero. Es tan diferente a la cultura occidental que enriquece al turista que trata de investigar el porqué de muchas costumbres.

Siendo un poco más prosáicos, vamos a hablar de una costumbre que llama la atención por su ruido ensordecedor y también por la cantidad astronómica de dinero que mueve en el país nipón: el Pachinko.

Local de juego de Pachinko

Es algo así como la tragaperras de toda la vida, pero en versión pinball. El jugador compra una gran cantidad de bolitas de acero y las va insertando. En el centro de la máquina hay una especie de regulador que lanza las bolitas. El objetivo es que éstas no caigan hacia abajo, lo que ocurre con la mayoría, y que por el contrario vayan a parar a unas pequeñas puertas que bonifican al jugador.

Más de 30 millones de japoneses se juegan 30 trillones de yenes anualmente en las salas de Pachinko, lo que nos da una idea del volumen de juego que mueve el pachinko.

Pero lo más curioso, si cabe, es que la ley en Japón impide la recompensa en metálico en los juegos de azar, de manera que cuando el jugador ha ganado una cantidad considerable de bolitas, va a cangearlas a la caja, donde se le entregan vales o incluso regalos absurdos como llaveros, maquinitas de juegos, etc.

Por supuesto, existe otro habitáculo más escondido, donde estos vales y pequeños regalos se cajean por la verdadera recompensa en metálico.

Un negocio ilegal pero tolerado por el gobierno, habida cuenta, de las cifras de ganancias y por lo tanto de impuestos que mueve.

De manera que si estáis paseando por una ciudad japonesa y oís un ruido extraño, algo así como cientos de bolitas de acero cayendo sin cesar y chocando, fijaros bien, estáis ante un local donde se juega a Pachinko.

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