La filoxera está considerada como la plaga más global, devastadora y decisiva de la historia de la viticultura mundial. Y es que ningún evento, plaga o enfermedad, se propagó tan rápido e impulsó el cambio de los ejes de producción de uva de nuestro planeta como lo hizo la llegada de este insecto a Europa desde Norteamérica a finales del siglo XIX. Actualmente está presente en todos los continentes y es un claro ejemplo de la intervención del hombre como factor clave de la dispersión de un plaga.

El adulto alcanza un tamaño de 1-1,25mm de longitud. Se nutre exclusivamente de plantas del género Vitis, atacando por igual a las distintas especies, pero algunas de ellas han desarrollado mecanismos de resistencia que impiden que les afecte. En concreto, las especies americanas de vid, cuyos frutos no suelen ser válidos para la elaboración de vinos, presentan la mayor resistencia.

Existe una escala, el índice de Ravaz, que mide la resistencia de las distintas especies de vid en función del mayor o menor grado de ataque. La escala varía desde lo que se denomina resistencia total (20 puntos), marcada por Vitis rotundifolia, hasta la resistencia nula (0 puntos) de Vitis vinifera (vid europea). Es decir, que mientras el insecto se encontraba en su territorio de origen, su incidencia no tenía ninguna importancia.

Curiosamente, la solución al problema filoxérico, ¡también llegó de América!
Los científicos se percataron de que todas las vides sensibles a filoxera eran plantaciones hechas con vides europeas en pie franco, es decir, conservando sus propias raíces. Por ello, empezaron a probar variantes injertadas sobre pies de especies americanas que habían mostrado resistencia contra el insecto. Así, el estadounidense Laliman fue el primero en sugerir el injerto de viníferas sobre pies americanos.
Hoy en día el enoturismo esta creciendo y desarrollándose de forma muy importante en España, y miles de personas ya disfrutan del vino y el turismo, visitando bodegas u optando por productos más innovadores como una cata de vinos ecológicos, disfrutando siempre de todas las variedades y texturas de cada región.
¿Habéis hecho enoturismo alguna vez?






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