Entre la China y Pakistán se levantan sendas murallas, el Karakorum, el Pamir, el Hindu Kush y el Himalaya: una frontera natural que ha frenado el movimiento de la población, el ramal más difícil de la antigua ruta de la seda.
Una franja donde el paisaje está dominado por abruptas y escarpadas cimas de más de 6.000 metros. Donde acaba una gigantesca cordillera ya empieza otra, más alta que la anterior. Y en medio, tan sólo encontramos ríos turbulentos y pequeños valles.
Para mejorar la economía y la calidad de vida, hace 25 años, los gobiernos de China y Pakistán se pusieron de acuerdo para construir la que acabaría siendo la carretera internacional con más altura del mundo, la Carretera del Karakórum, también conocida por sus siglas en inglés KKH (Karakoram Highway) que une la ciudad de Kashgar en China con la capital pakistaní, Islamabad.
Tardaron 20 años en construir los 1200km de la carretera, desmontando montañas, esquivando glaciares, abriendo túneles, tendiendo puentes y superando rieras y torrentes. Pero la carretera se acabó con un triste balance, se perdieron 892 vidas humanas en la construcción. Por esto la nombraron la carretera más peligrosa del mundo.
Como se encuentra construida en la orografía más severa del mundo, la carretera debe cerrarse durante los meses de invierno, entre el 15 de octubre y el 1º de mayo. Después, cada primavera, un ejército de trabajadores se desplaza para reparar lo que el hielo, el frío y las riadas han destruido.
Cuando se abrió la carretera a los extranjeros se convirtió en un importante destino turístico, por la espectacularidad del paisaje, por los glaciares y los lagos, por las pequeñas poblaciones que recuerdan a las novelas de viajes del siglo XIX y sus gentes.
Cada año, si no hay problemas político-militares, la carretera se llena de turistas, sobretodo europeos. Además, sirve como vía de acceso para los montañistas y alpinistas que sueñan con coronar los ocho picos de más de 8.000 metros de Pakistán, como el K-2 (el segundo pico más alto del mundo, en la frontera entre Pakistán y la China) y el Nanga Parbat (en Pakistán, el 9º más alto del mundo con 8.125 metros).
Un viaje para hacer con tiempo, disfrutando de la transformación del paisaje, de la vegetación de Pakistán a la aridez de los grandes picos, de las curvas cerradas, de los corrimientos de tierras, de desniveles sin final, de frágiles puentes o pliegues de montañas formidables. En la carretera de Karakórum lo importante no es llegar, lo importante es disfrutar del camino.


















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